domingo, 17 de junio de 2012

Máscaras

Siempre te creíste por debajo o por encima de este mundo. Te veías diferente, incomprendida, desconectada.
No dejabas de leer, no por placer, sino para comprobar si existía alguien como tú. Los libros se convirtieron en refugio y desamparo al mismo tiempo. Explorabas la mente del autor, de los personajes, buscando incansable tu definición, tu etiqueta, tú.
No ubicándote, a veces te camuflabas de normalidad y rutina pero terminabas aburriéndote de tu mediocridad.
Otras, te disfrazabas de soberbia y arrogancia, hasta que te hastiabas de la vulgaridad de los demás.
Te reinventabas y volvías disfrazada de madurez o inocencia, terrenal o etérea, accesible o lejana.
Luego desaparecías durante una temporada esperando que echaran de menos alguno de tus bosquejos, llegando a pensar que te encontrarías en la añoranza de los demás y podrías terminar de esculpirte.
Te preguntabas quién eras y te contestabas que todas las máscaras que utilizabas y ninguna de ellas.
Terminaste aceptando todos tus matices. Los despreciables, como los celos, la envidia, el rencor, fueron los más difíciles de admitir, pero una vez reconocidos te sentiste liberada de intentar perfeccionarte. Los fáciles de asimilar, como la generosidad o la paciencia, tardaste más en encontrarlos, ya que durante mucho tiempo los viviste como debilidades en vez de como virtudes.
Y aunque jamás terminarás de pintarte, porque siempre tendrás al menos dos caras, ahora disfrutas por fin con ello.







jueves, 7 de junio de 2012

La edad es el descuento del tiempo...

Suena la alarma del móvil y la atrasas 5 minutos, otros 5 y 5 más de regalo Últimamente no vives bien así que, como sí duermes bien, lo alargas todo lo que puedes.
Te levantas, orinas, te duchas, evitando el espejo hasta que te cepillas los dientes.
El reflejo te devuelve ojeras, bolsas, "líneas de expresión" (evitas la palabra arruga). Los pómulos flácidos, no esperabas que los mofletes que tanto te pellizcaron de pequeña se descolgarían dándole otra forma a tu cara. Escupes, enjuague bucal, vuelves a escupir. Aplicas la última crema facial que compraste que, en palabras de la vendedora, "proporciona 7 beneficios anti-edad y en pocos días notarás cambios significativos". Te desenredas el pelo y percibes que ya es hora de tintar otra vez las raíces. Te quitas el albornoz para hidratar el resto de tu cuerpo. El cuello que cada día tiene más rayas, los brazos que temes que algún día les salgan plumas y las aletas se conviertan en alas. Los pechos más bajos. La tripa abultada, arrugada, cicatrizada. El culo más caído. Las piernas más blandas. Y los pies más cansados.
Te quedan 5 minutos para intentar ocultar todos y cada uno de los signos de la edad. Te maquillas. Espuma para cabello que aporta volumen. Sujetador con los tirantes reducidos en un intento de subir a su estado original las tetas, sabiendo que te dolerán las marcas que dejarán en los hombros. Te pruebas 2 o 3 camisetas hasta que das con una que no te ciña demasiado pero que tampoco sea tan ancha que parezca que quieras ocultar algo, y con un buen escote que luzca la proeza que el sujetador provoca. Vaqueros estrechísimos apretando el cinturón en el punto justo en el que el pantalón  tape tripa y michelines sin abotifarrarlos. Te subes a unos taconazos que estilicen tu figura aunque no puedas andar con ellos. Te pintas los labios de rojo pasión y te dispones a enfrentar otro día más repitiéndote hasta creértelo que estás estupenda para la edad que tienes!!!
No te gusta cumplir años porque la edad es el descuento del tiempo y tu cuerpo no se cansa de recordártelo!!!!




martes, 5 de junio de 2012

La mejor hora del día...

es la hora del silencio.
Todo duerme, todo calla.
Disfrutando de la soledad, sin preocupaciones... mis amores soñando sus sueños.
Sin obligaciones porque las de hoy terminaron.
Disfrutando al final del día de mí, de mi interior.
Haciendo lo que me parece, pensando con el alma.
Leyendo, observando, escribiendo, escuchando.
Nada se oye. Sólo mi pulso, mi respiración.
Cuando el sueño me vence lucho y araño unos minutos, a veces algunas horas.
Me encuentro, me pierdo, me reencuentro y vuelvo a perderme.
Escucho, cuestiono, aprendo de mis errores, valoro mis aciertos.
Momentos de lucidez antes de la consciencia onírica.
Espacios olvidados del mundo de los sueños que posiblemente no tengan lugar en el mañana.
Sin presión ni angustia... sin duda el mejor momento del día.
Con el alba aparecerá un espejismo de este, mi preferido.
Es tan breve que no da tiempo a deleitarse.
Y a su término volverán las preocupaciones, las obligaciones, las presiones  y las angustias.
Pero sé que al final del día, cuando la ciudad calla, me espera otra vez mi remanso de paz.
Y me sentiré otra vez acompañada de mi soledad.
Volviendo a ser yo.






sábado, 2 de junio de 2012

Vergüenza...

Empieza a acosarme la vergüenza.

Vergüenza de esa otra yo, tan feliz y segura, lúcida e inconsciente. 

Esa que todo lo sabe, que todo lo puede, que todo lo dice y hace tan rápido que sólo lo siente y no lo piensa.  

Esa que se desgarra, se exhibe y se comparte. Esa que tiene tanto miedo que no lo parece.

Esa que, aunque no lo parezca, es la que me da más miedo.

 
Vergüenza de esta yo.

La que siempre duda, la que no decide, la que sólo quiere ser invisible. 

La que nada quiere. 

La que sabe cuando empieza y nunca sabe donde termina. 

La que por desidia, dolor, angustia y negación, es la que más se teme ,